La Guerra de la Dependencia
Ya es hora que los precursores de nuestra futura dependencia asomen la cara. A estas alturas, debería estarse incubando una corriente dependentista, anti-emancipadora, que nos permita lograr los objetivos que no hemos podido alcanzar desde la independencia de España.Si el éxito de una sociedad se mide comparando sus indicadores de nivel de vida respecto a otras sociedades, es claro que América Latina -algunos más que otros- ha fallado.
En fin, no tiene caso revisar nuestro largo historial de fracasos y dudosos éxitos, simplemente lo echamos a perder, y ya.
¿Qué coche vamos a elegir para subirnos al vuelo?
¿Quién soportará compartir su riqueza con varias decenas de millones de hambrientos y semianalfabetos indios, que de pronto se presenten en su patio blandiendo la bandera del anfitrión?
Obviamente, nadie. Por allí no va la cosa.
En general, los nativos latinoamericanos (es decir, todos nosotros, indios, blancos, chinos, negros y los diversos matices intermedios) nos caracterizamos por una gran ociosidad, la propensión al fraude, la falta de deseos de superación, y en no pocos casos, por la falta de higiene.
No obstante, la cosa cambia cuando somos migrantes en países con mayor desarrollo que los nuestros.
De pronto, nos convertimos en dechados de limpieza, respetuosos de las leyes, trabajadores y circunspectos ciudadanos que pagan sus impuestos con prolija puntualidad.
¿Qué nos pasa?, pues creo que sabemos que somos una minoría en una sociedad que sí cumple con las leyes, y sabe como hacerlas cumplir. En casa, en cambio, todos jugamos al todo vale.
Es pues hora de la heroica dependencia, y yo, precursor de causas perdidas y gloriosas, voto por que nos unamos al Brasil.

Sí, a Brasil, y no por el futbol o las garotas (bueno, también por las garotas y el fútbol).
Brasil tiene los mismos problemas que nosotros. Comparte las mismas calamidades sociales. No obstante, es claro que su gobierno, su Estado, está dirigiéndose a paso firme hacia el desarrollo.
No están abocados a repartir la pobreza actual entre todos, sino, a crear riqueza. A empujar ese poderoso remolcador que es la empresa privada, y guiarlo donde más le conviene al país. No hay duda que cuando Brasil logre aprender a crear/comercializar tecnología de punta, manarán chorros de abundancia hacia las plataformas más bajas de su sociedad y las favelas pasarán a ser curiosidades de la historia.
Quien crea hoy que Brasil está comprando armas a Francia por miles de millones de dólares, está muy equivocado. Brasil está comprando tecnología de punta. Pues a cambio de las cuantiosas adquisiciones de material bélico, Francia le transferirá tecnología para que Brasil pueda producir en sus astilleros sus propios submarinos nucleares, ni más ni menos.
Francia no tiene opción, si no son ellos, serán los alemanes o norteamericanos, pero Brasil conseguirá lo que está buscando.
Embraer, la gran empresa de aeronáutica brasileña, es un ejemplo muy claro de lo que buscan los brasileños. Esta empresa se asoció en los setentas con la americana Piper para producir aviones medianos en Brasil, a cambio de transferencia de tecnología. La compañía brasileña es hoy una de las poderosas industrias mundiales de aviación civil.
Fuertes en la producción de fuselajes y diversos, no producían los equipos de alta tecnología: motores, radares, sistemas de aterrizaje, y atrajeron hacia sí ese conocimiento. No hay duda que su objetivo a mediano plazo, será sin duda, ingresar en el reducido mercado de la industria aeronáutica de envergadura, hoy copada por la Boeing y Airbus. Para eso la empresa necesitará adquirir más tecnología de punta, lo que sin duda hará con el respaldo del gobierno brasilero. Y Embraer, es una empresa privada (privatizada).Acojámonos a este modelo, dejémonos gobernar por los sabios estadistas brasileños. No hay forma de alcanzar el desarrollo y bienestar de los pueblos, si no se genera riqueza. Brasil tiene la respuesta y no es un secreto.
¡Dependencia ahora!. Crucemos los Andes hacia la Selva flameando la gloriosa bandera verde amarilla con el globo azul, antes que ya no sea demasiado tarde, porque no hay nada peor para no sanar a un enfermo, que las recuperaciones pasajeras y milagrosas, que sólo anteceden a las recaídas más espantosas de este sufriente Prometeo que es Latinoamérica.
Los que estén conmigo, digan Yo.










En esta etapa, dejaríamos atrás los conceptos arcaicos de nacionalismo, banderas y escudos. Nuestra bandera y escudo sería mantener la armonía con el Universo, la solidaridad con todo lo que nos rodea. No permitir el sufrimiento humano, vivir en armonía.









