La Caída del Gobierno Español en el Perú, El Dilema de la Independencia – Timothy Anna
Anna es un historiador canadiense, profesor de la universidad de Manitoba (¡Jau!), Winnipeg. Sus laureles están en su libro (1979), y me resulta largo enumerarlos. La cuestión central de su libro es responder la pregunta de ¿porqué la lucha por la independencia en el Perú empezó tan tarde? –en el contexto latinoamericano-, y ¿porqué costó tanto obtenerla, hasta el punto que tuvo que conseguirse con intervención foránea? (San Martín con sus chilenos, Bolívar con sus grancolombianos, y hasta marinos ingleses). Esta pregunta la responde Anna (y también Jorge Basadre en su monumental Historia de la República del Perú).
El poder español en Sudamérica se inició e hizo más fuerte en el Perú, específicamente en Lima. A pesar de no ser una región rica, concentró poder y desde acá no sólo se conquistó el resto del continente; sino incluso, cuando se inició en diversas partes la lucha por la independencia, desde el Perú se apagaron estos focos, utilizando milicia peruana (sin ayuda española, ya que iberia estaba invadida por napoleón). Veamos que dice Anna.
Según Anna la independencia del Perú no tiene vínculo con la de México (sobre la cual también ha escrito), pues ambas, las dos colonias españolas más grandes en América, tuvieron procesos de independización que obedecieron a diferentes factores. La de México fue influenciada por la pérdida gradual de autoridad para gobernar, y la del Perú, por factores más prácticos. Uno de ellos, la pobreza. Esta miseria explica no sólo la independencia, sino la resistencia contra la independencia, pues muchos peruanos lucharon bravamente bajo la bandera española. Fue la pobreza quien derrotó a los realistas, y luego a San Martín.
Lima, la ciudad más importante del Pacífico español, no era una ciudad rica si se la compara con estándares europeos. El Perú era rico sólo en un producto: la plata.
El Virreinato del Perú iba tirando hasta que en 1776 sufrió un golpe desastroso para su economía: la monarquía borbónica creo el Virreinato del Río de la Plata, con su capital en Buenos Aires, lo cual le arrebató a Lima el control sobre estos vastos territorios del sur. Peor que eso, el Alto Perú (hoy Bolivia), fue separado del Perú y entregado al Virreinato advenedizo. Los virreyes que se sucedieron en el Perú siempre reclamaron a la corona la ausencia de las ricas plata del Alto Perú, lo cual los privaba de una fuente de riqueza muy importante, convirtiendo al Perú “un pálido simulacro de lo que fue antes”.
La pérdida del Alto Perú despojó al (Bajo) Perú de su propia colonia virtual, que fue entregada a Buenos Aires, dándole a ese puerto un impulso mayor en su objetivo de reemplazar a Lima como el más importante centro comercial de América del Sur, característica que ostentaba Lima hasta entonces. Fue la geografía quien determinó al ganador (BsAs). Así, Lima perdió el monopolio del comercio pues no podía competir con Buenos Aires, bastante más cerca de Europa, y por donde fluían las importaciones y exportaciones del Alto Perú. En 1778 se declaró el libre comercio marítimo y los puertos de Chile e incluso puertos menores del Perú, le robaron carga a Lima. El principal puerto competidor de Lima era Guayaquil aunque nunca igualó a Lima. Guayaquil fue transferido al control del virreinato del Perú en 1803, pero regresó a la jurisdicción del virreinato de Nueva Granada en 1809.
Con la apertura del comercio marítimo, vino la lacra del contrabando. Pronto productos europeos y hasta asiáticos competían con la incipiente industria peruana. El Perú era demasiado dependiente de sus exportaciones de oro y plata, y tenía que importar productos manufacturados y hasta alimentos. Adicional a eso, el territorio extraordinariamente difícil del Perú, era una limitante para la agricultura y el comercio.
Triste situación para un virreinato fundador. El Perú tenía una aristocracia y una nobleza inigualable en el continente. El total de los títulos de Castilla en Perú era mayor incluso que los de Nueva España (México). En el Perú se ostentaba nada menos de 105 títulos nobiliarios que incluían a un duque, 58 marqueses, 45 condes y un vizconde. En México sólo había 63 títulos. La diferencia se explica por la precedencia histórica del Perú sobre México durante los dos primeros siglos de la colonia (hoy la economía mexicana está tan lejos de la peruana, como Plutón de la Tierra). Incluso, los dos primeros presidentes del Perú independiente: Riva Agüero y Torre Tagle, fueron marqueses (o exmarqueses).
De las Intendencias del Perú, las más poderosas económicamente eran claramente las de Lima y Arequipa (muy cerca ambas en su PBI).
Volviendo al tema de la independencia, no obstante el hecho de la pobreza, los reclamos del Perú a la península se reducen a quejas de comercio, finanzas, nombramientos, etc. En Perú había en ese entonces un gran segmento de la sociedad para quienes el modo de ser y pensar español aún tenía sentido y era la única forma racional de gobierno.
No hay relación, por lo tanto, entre la burguesía peruana y el levantamiento de Túpac Amaru en 1780-1781 que constituyó el desafío más serio al gobierno español antes del movimiento independentista, y la más terrible rebelión indígena en la historia de América.
De otro lado, Anna desvirtúa que los pensadores de Lima hayan sido precursores de la independencia. De hecho, en sus palabras, el Perú produjo uno de los grupos más grandes y significativos de pensadores de la Ilustración en toda América del Sur. Pensadores fuertemente influenciados por los filósofos de la Ilustración, con conocimientos de los escritos de Locke, Descartes y Voltaire. La cabeza de este ilustre grupo de pensadores fue José Baquíjano y Carrillo. La generación que sucedió a la de Baquíjano, tuvo mentes brillantes como las de Manuel Lorenzo Vidaurre, José Faustino Sánchez Carrión y Francisco Javier de Luna Pizarro (¡tremendo arequipeño este!). No obstante, estos librepensadores, eran críticos al régimen, no rebeldes. Con la independencia -casi impuesta-, estos cerebros se abocarían a construir la democracia del país, siendo especialmente activo Luna Pizarro.
Hasta ahora está claro que el Perú abrazaba la causa española, producto de la fuerte presencia hispana en el territorio. Incluso, durante las primeras revueltas independentistas, el Virrey Abascal utilizando contingentes del Perú, aplastó rebeliones en Quito, Chile y el Alto Perú. Las fuerzas peruanas, con un ejército regular de apenas 1,500 hombres y con sus 4 generales peruanos (uno de ellos José Manuel de Goyeneche, arequipeño), fueron enviadas una y otra vez contra Quito en el norte, Chile en el sur, y contra los ejércitos de Buenos Aires en el Alto Perú. Tal es así, que en 1810 Abascal reanexó el Alto Perú al Virreinato del Perú. Cuando no se envió tropas, desde el Perú se envió fondos para ayudar la causa realista (Montevideo, Quito, el Alto Perú, Chile y ¡Acapulco!). Abascal uvo que declinar un pedido de la corona para que también apoyase a Bogotá y Panamá, indicando que el tesoro peruano ya estaba apoyando a las anteriores regiones. Incluso, Abascal debió enfrentar 4 rebeliones dentro del mismo Perú.
Así, en palabras de Anna, durante 5 años el Perú fue el bastión del poder español y su éxito militar fue impresionante. Hacia 1815 sólo Buenos Aires seguía independiente. El ejército realista del Perú, había destruido y derrotado a los gobiernos rebeldes de Quito y Santiago, y desalojado varias veces a los rebeldes que ocupaban La Paz. Un siglo después, Germán Leguía (¿Quién es ese?, el jugador de fútbol no creo, debe ser el expresidente Augusto B. Leguía), declaró que el extraordinario éxito de Abascal probaba que el pueblo peruano, si estaba bien gobernado, y los soldados peruanos si estaban bien dirigidos, eran invencibles. Es más, el Perú consiguió todo esto virtualmente sin apoyo de España, encendida por la guerras napoleónicas en ese entonces.
Respecto a Guayaquil, Anna menciona que la representación peruana en la Cortes Extraordinarias (que funcionaban en Cádiz, España), estaba compuesta por 12 miembros, representantes de diferentes ciudades del Perú. Uno de estos representantes era el guayaquileño José Joaquín Olmedo.
En la página 219 consigna lo siguiente: Guayaquil se rebeló en octubre (de 1820). El estatus de la jurisdicción de Lima sobre Guayaquil no era claro en ese entonces. Una real cédula del 23 de junio de 1819 había devuelvo Guayaquil a la jurisdicción de la audiencia de Quito en todos los asuntos criminales, civiles y del tesoro, pero el Perú se mantenía como responsable de su defensa militar. Muchos ciudadanos de Guayaquil se consideraban como parte de Quito, cuya capital estaba a sólo ochenta leguas de distancia en vez del Perú, cuya capital estaba a 300 leguas, y otros aspiraban a una existencia completamente separada. Esto llevaría a posteriores disputas entre el Perú y Ecuador.
Según Anna la independencia del Perú no tiene vínculo con la de México (sobre la cual también ha escrito), pues ambas, las dos colonias españolas más grandes en América, tuvieron procesos de independización que obedecieron a diferentes factores. La de México fue influenciada por la pérdida gradual de autoridad para gobernar, y la del Perú, por factores más prácticos. Uno de ellos, la pobreza. Esta miseria explica no sólo la independencia, sino la resistencia contra la independencia, pues muchos peruanos lucharon bravamente bajo la bandera española. Fue la pobreza quien derrotó a los realistas, y luego a San Martín.Lima, la ciudad más importante del Pacífico español, no era una ciudad rica si se la compara con estándares europeos. El Perú era rico sólo en un producto: la plata.
El Virreinato del Perú iba tirando hasta que en 1776 sufrió un golpe desastroso para su economía: la monarquía borbónica creo el Virreinato del Río de la Plata, con su capital en Buenos Aires, lo cual le arrebató a Lima el control sobre estos vastos territorios del sur. Peor que eso, el Alto Perú (hoy Bolivia), fue separado del Perú y entregado al Virreinato advenedizo. Los virreyes que se sucedieron en el Perú siempre reclamaron a la corona la ausencia de las ricas plata del Alto Perú, lo cual los privaba de una fuente de riqueza muy importante, convirtiendo al Perú “un pálido simulacro de lo que fue antes”.
La pérdida del Alto Perú despojó al (Bajo) Perú de su propia colonia virtual, que fue entregada a Buenos Aires, dándole a ese puerto un impulso mayor en su objetivo de reemplazar a Lima como el más importante centro comercial de América del Sur, característica que ostentaba Lima hasta entonces. Fue la geografía quien determinó al ganador (BsAs). Así, Lima perdió el monopolio del comercio pues no podía competir con Buenos Aires, bastante más cerca de Europa, y por donde fluían las importaciones y exportaciones del Alto Perú. En 1778 se declaró el libre comercio marítimo y los puertos de Chile e incluso puertos menores del Perú, le robaron carga a Lima. El principal puerto competidor de Lima era Guayaquil aunque nunca igualó a Lima. Guayaquil fue transferido al control del virreinato del Perú en 1803, pero regresó a la jurisdicción del virreinato de Nueva Granada en 1809.
Con la apertura del comercio marítimo, vino la lacra del contrabando. Pronto productos europeos y hasta asiáticos competían con la incipiente industria peruana. El Perú era demasiado dependiente de sus exportaciones de oro y plata, y tenía que importar productos manufacturados y hasta alimentos. Adicional a eso, el territorio extraordinariamente difícil del Perú, era una limitante para la agricultura y el comercio.
Triste situación para un virreinato fundador. El Perú tenía una aristocracia y una nobleza inigualable en el continente. El total de los títulos de Castilla en Perú era mayor incluso que los de Nueva España (México). En el Perú se ostentaba nada menos de 105 títulos nobiliarios que incluían a un duque, 58 marqueses, 45 condes y un vizconde. En México sólo había 63 títulos. La diferencia se explica por la precedencia histórica del Perú sobre México durante los dos primeros siglos de la colonia (hoy la economía mexicana está tan lejos de la peruana, como Plutón de la Tierra). Incluso, los dos primeros presidentes del Perú independiente: Riva Agüero y Torre Tagle, fueron marqueses (o exmarqueses).
De las Intendencias del Perú, las más poderosas económicamente eran claramente las de Lima y Arequipa (muy cerca ambas en su PBI).
Volviendo al tema de la independencia, no obstante el hecho de la pobreza, los reclamos del Perú a la península se reducen a quejas de comercio, finanzas, nombramientos, etc. En Perú había en ese entonces un gran segmento de la sociedad para quienes el modo de ser y pensar español aún tenía sentido y era la única forma racional de gobierno.No hay relación, por lo tanto, entre la burguesía peruana y el levantamiento de Túpac Amaru en 1780-1781 que constituyó el desafío más serio al gobierno español antes del movimiento independentista, y la más terrible rebelión indígena en la historia de América.
De otro lado, Anna desvirtúa que los pensadores de Lima hayan sido precursores de la independencia. De hecho, en sus palabras, el Perú produjo uno de los grupos más grandes y significativos de pensadores de la Ilustración en toda América del Sur. Pensadores fuertemente influenciados por los filósofos de la Ilustración, con conocimientos de los escritos de Locke, Descartes y Voltaire. La cabeza de este ilustre grupo de pensadores fue José Baquíjano y Carrillo. La generación que sucedió a la de Baquíjano, tuvo mentes brillantes como las de Manuel Lorenzo Vidaurre, José Faustino Sánchez Carrión y Francisco Javier de Luna Pizarro (¡tremendo arequipeño este!). No obstante, estos librepensadores, eran críticos al régimen, no rebeldes. Con la independencia -casi impuesta-, estos cerebros se abocarían a construir la democracia del país, siendo especialmente activo Luna Pizarro.
Hasta ahora está claro que el Perú abrazaba la causa española, producto de la fuerte presencia hispana en el territorio. Incluso, durante las primeras revueltas independentistas, el Virrey Abascal utilizando contingentes del Perú, aplastó rebeliones en Quito, Chile y el Alto Perú. Las fuerzas peruanas, con un ejército regular de apenas 1,500 hombres y con sus 4 generales peruanos (uno de ellos José Manuel de Goyeneche, arequipeño), fueron enviadas una y otra vez contra Quito en el norte, Chile en el sur, y contra los ejércitos de Buenos Aires en el Alto Perú. Tal es así, que en 1810 Abascal reanexó el Alto Perú al Virreinato del Perú. Cuando no se envió tropas, desde el Perú se envió fondos para ayudar la causa realista (Montevideo, Quito, el Alto Perú, Chile y ¡Acapulco!). Abascal uvo que declinar un pedido de la corona para que también apoyase a Bogotá y Panamá, indicando que el tesoro peruano ya estaba apoyando a las anteriores regiones. Incluso, Abascal debió enfrentar 4 rebeliones dentro del mismo Perú.
Así, en palabras de Anna, durante 5 años el Perú fue el bastión del poder español y su éxito militar fue impresionante. Hacia 1815 sólo Buenos Aires seguía independiente. El ejército realista del Perú, había destruido y derrotado a los gobiernos rebeldes de Quito y Santiago, y desalojado varias veces a los rebeldes que ocupaban La Paz. Un siglo después, Germán Leguía (¿Quién es ese?, el jugador de fútbol no creo, debe ser el expresidente Augusto B. Leguía), declaró que el extraordinario éxito de Abascal probaba que el pueblo peruano, si estaba bien gobernado, y los soldados peruanos si estaban bien dirigidos, eran invencibles. Es más, el Perú consiguió todo esto virtualmente sin apoyo de España, encendida por la guerras napoleónicas en ese entonces.
Respecto a Guayaquil, Anna menciona que la representación peruana en la Cortes Extraordinarias (que funcionaban en Cádiz, España), estaba compuesta por 12 miembros, representantes de diferentes ciudades del Perú. Uno de estos representantes era el guayaquileño José Joaquín Olmedo.
En la página 219 consigna lo siguiente: Guayaquil se rebeló en octubre (de 1820). El estatus de la jurisdicción de Lima sobre Guayaquil no era claro en ese entonces. Una real cédula del 23 de junio de 1819 había devuelvo Guayaquil a la jurisdicción de la audiencia de Quito en todos los asuntos criminales, civiles y del tesoro, pero el Perú se mantenía como responsable de su defensa militar. Muchos ciudadanos de Guayaquil se consideraban como parte de Quito, cuya capital estaba a sólo ochenta leguas de distancia en vez del Perú, cuya capital estaba a 300 leguas, y otros aspiraban a una existencia completamente separada. Esto llevaría a posteriores disputas entre el Perú y Ecuador.
En el siguiente posteo veremos que, en efecto, con la independencia Guayaquil debía optar entre Colombia, el Perú y acaso la creación de un nuevo estado, pero Bolívar se adelantó y so pretexto de proteger Guayaquil, la invadió, generando una fuga hacia el Perú de mucha gente valiosa…







1 Comments:
HOMBRE,INTERESACTE LECTURA,AVER SI LOS ANIMALES DE BOLIVIA LO ENTIENDEN ,COÑO LOS BOLIVIANOS SON UNOS INDIOS Y ENTRE INDIOS SE VAN A MATAR
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